• CONCURSO CÓMICS


    Concurso de Infancia Misionera
  • ANIMACIÓN MISIONERA


    Recursos para la animación misionera de niños
  • GESTO


    Revista misionera para niños
  • ANIMACIÓN MISIONERA


    Recursos para la animación misionera de jóvenes
  • SUPERGESTO


    Revista misionera para los jóvenes

11 de septiembre de 2017

IGLESIAS QUEMADAS, CURAS ESCONDIDOS: ASÍ ES LA PERSECUCIÓN EN LA R.D. DEL CONGO

La Fundación EUK Mamie-HM Televisión ha entrevistado al sacerdote Agustín Ntumba Mulumba, de la diócesis de Luebo, en la República Democrática del Congo, especialmente castigada por las revueltas y la persecución religiosa que asolan el país desde principios de año

El sacerdote entrevistado Agustín Ntumba Mulumba
La República Democrática del Congo vive desde el mes de febrero una situación política muy inestable, que ha desembocado en una auténtica persecución contra la Iglesia católica.

El país, en el que el 95 % de la población es cristiana y el 52 % católica, atraviesa por dificultades políticas: hay elecciones pendientes desde diciembre de 2016 y el presidente Jospeh Kabila incluso fue a ver al Papa Francisco para pedir la ayuda de la Iglesia en beneficio del diálogo en el país. 

«Pero los políticos no se pusieron de acuerdo y hubo revueltas. Se empezó a atacar a las parroquias, y se culpó a la Iglesia del fracaso de las negociaciones«, cuenta a la Fundación EUK Mamie-HM Televisión el sacerdote congoleño Agustín Ntumba Mulumba. «Hubo ataques y muchos vinieron a buscar refugio en nuestras parroquias.

Se atacó a todas las instituciones y edificios de la Iglesia, y son los fieles los que están pagando el mayor precio, porque no pueden beneficiarse de la Santa Eucaristía. Se quemaron iglesias, incluso el obispado, y lo quemaron también. Buscaron al obispo, pero gracias a Dios no estaba. Se pusieron sus casullas, y mataron a uno de sus colaboradores, decapitándolo en presencia de su mujer».

Agustín cuenta también que «el Seminario también fue atacado, y quemaron todo. Era el mes de febrero, y desde ese día los seminaristas se dispersaron y se refugiaron con sus familias, o en casas de feligreses…, lo están pasando muy mal».

Asimismo, los sacerdotes tuvieron que dejar sus casas, algunos en el mismo momento en que fueron a por ellos: «Gracias a Dios han podido huir todos, como han podido. Algunos han pasado días sin comer… No pueden volver, porque no hay nada. Los que están escondidos no pueden celebrar la Eucaristía abiertamente. La Semana Santa solo se pudo celebrar en tres o cuatro parroquias», lamenta Agustín.

Pero los congoleños no pierden la fe: «Hablé por teléfono con mi obispo –relata el sacerdote– y me dijo que estábamos ante una prueba, para ver si amamos de verdad a Dios; y que tenemos que pedir perdón a Dios por todas estas personas. En realidad no saben lo que están haciendo. Y para nosotros tenemos que pedir que Dios nos haga fuertes y que nos ayude a salir de todo esto, porque los feligreses nos necesitan. 

La Iglesia trabaja mucho en la educación, y por los huérfanos, por el desarrollo de la gente. Por eso destruir la vida de la Iglesia es destruir la vida de la población. Tenemos que ser fuertes para poder volver a hacer cosas en beneficio de la población».

La sonrisa no abandona sin embargo el rostro de Agustín, que afirma orgulloso que «han destruido todo, pero no han destruido nuestra fe. Tenemos que ser fuertes, y pedir al Señor la fuerza para salir adelante».

J.L.V.D-M.

Fuente: Alfa y Omega